sábado, 25 de julio de 2009

UN HOME GENIAL



Aci el tenim, presidint l'espai de sa casa que ja no gaudeix de la seua presència física, malgrat tot la seua mirada, la seua creativitat i inventiva omplin tots el racons del que serà el museu Joan Fuster.

viernes, 24 de julio de 2009

RECUERDOS


En esta fotografía de 1957, Mario aparece junto a su compañera. Se puede observar los estragos que el paso del tiempo produce en las personas, visible si se contrasta el Benedetti de esta imagen con la del otro post.

IMÁGENES

En esta ocasión ni un solo poema acompaña la imagen de este hombre, ya ausente, pero siempre se respirará toda la humanidad, capacidad de lucha que Mario supo transmitir en su poesía y en su novelística. No pudo superar la muerte de la mujer que le acompañó durante toda su vida.

miércoles, 22 de julio de 2009

pruebas

FACHADA DEL CASINO DE SUECA
Fue una jornada muy especial, más bien "particular". Primero el claustro con el reparto del botín,
después camino a Sueca, el sol y la compañía, agradable y divertida hicieron el trayecto muy ameno. La comida con el resto del grupo también resultó satisfactoria: los entrantes más que aceptables, y la paella y postres muy buenos. Por la tarde visita a la casa de Fuster, cierto desencanto: han borrado las huellas de la vida de una casa, con sus objetos, lugar de lectura y la están convirtiendo en una especie de MUSEO, interesante, pero frío, y Joan era irónico, cálido y perspicaz, no deberían haber borrado las huellas de su presencia, de su vida, sus objetos... a pesar de todo se animó la visita a la casa con la aparición inesperada de una persona próxima y lejana a la vez. Después la horchata y el chocolate, las miradas furtivas, el aparente distanciamiento que revelaba una proximidad que no deseaba ser exhibida. Despedida y la percepción esperanzadora de un posible descanso. Al menos tendremos el mar y el sol, las noches cálidas , y de vez en cuando, algo de aire fresco.

miércoles, 1 de julio de 2009

La declaración Balfour
Antes de 1880, la población judía de Palestina no superaba las 25.000 personas. Después de 1881, nuevos grupos fueron llegando empujados por una ola de antisemitismo en la Rusia zarista. Este impulso cobró nuevos bríos con el ideal sionista (reunir a los judíos en lo que consideran su tierra, el monte Sión), formulado en el primer congreso sionista, celebrado en Basilea (Suiza) en 1897. La afluencia de judíos fue incentivada cuando, en 1917, el entonces ministro de Asuntos Exteriores británico, Arthur Balfour, emitió la siguiente declaración, dirigida a lord Rothschild, presidente de la Federación Sionista de Gran Bretaña: "El Gobierno de Su Majestad ve con agrado el establecimiento en Palestina del Hogar Nacional Judío". Pero la declaración añadía: "Nada deberá hacerse en perjuicio de los derechos de las comunidades no judías existentes". Chaim Weizmann, químico que sería el primer presidente de Israel (1948-52), habría tenido un papel decisivo en la historia de la declaración. Descubrió un método para manufacturar (trinitrotolueno (TNT) y pasó la información a los británicos. Otra versión afirma que Londres hizo la declaración a cambio del apoyo financiero judío durante la Primera Guerra Mundial. En 1939, Gran Bretaña renegó de la declaración Balfour.
Por qué queremos tanto a Onetti, el escritor que hoy cumple cien años? En primer lugar, porque era todo literatura. Esa era su pasión; es decir, era un lector, y después era un escritor. Por necesidad de las tripas, por la pasión de serlo. Su conversación no era literaria; era la de un tipo normal que vive para leer pero no vivía para contar ni sus lecturas ni sus obsesiones literarias. Leía, escribía, ahí estaba; él no tenía un cajón de inéditos que te leyera al atardecer. Era un escritor sobresaliente, pero ni se lo creía ni te lo decía.

Y un ser humano, tan solo. La voz habitual dice que Juan Carlos Onetti, uruguayo, y melancólico como los uruguayos, era un hombre triste. No lo era, no es cierto. Era un humorista, en el sentido en el que lo fue Buster Keaton, o en el sentido en que lo es Woody Allen. Decía con su cara estólida las cosas más divertidas. Y las escribía. No hacía otra cosa que reír, pero con esa cara que la vida le fue dando parecía que tan solo se reía por dentro. Su silencio también era, a veces, una carcajada. De lástima, o de burla, frente a las luminotecnias de la solemnidad.

Mario Vargas Llosa, que ha hecho un libro en el que reivindica a Onetti como el gran autor de ficción en español del siglo XX, distingue entre ambas facetas: el que escribe y el que habla. Cuando Onetti se quedaba solo con su escritura, y con sus personajes, se introducía en una zona de sombra en la que mandaba aquella melancolía honda que le emparentó desde muy temprano con los existencialistas.

Pero personalmente era otro, el que se reía, el que recordaba anécdotas que contaba con la minuciosidad de un padre que siempre tiene tiempo para contar cuentos a sus nietos. Te recibía, es cierto, echado en la cama, donde pasó una decena de años, los últimos de su vida, en Madrid. Pero ahí Onetti no exhibía la angustia dramática del acostado por hastío; una vez me dijo que no se levantaba de la cama tan solo porque le daba pavor que la Biche, su perra, le mordiera las canillas.

Desde la cama Onetti reflexionaba, se reía de su sombra y de las sombras de los otros. Se reía de la solemnidad de sus colegas; zahería, sobre todo, a Camilo José Cela, que en aquellos años (finales de los ochenta, principios de los noventa; Onetti murió en 1994) había decidido que todo el mundo debía ser objeto de sus chanzas, y la tomó sobre todo con Julio Llamazares y con Antonio Muñoz Molina. Onetti levantó su espada a favor de los dos jóvenes novelistas, y desafió Cela con su ironía aplastante. Cela era para él, entonces, la metáfora de lo que nunca hubiera querido ser, y ejerció en solitario (prácticamente) su tarea de desmontarle la peana al autor de La familia de Pascual Duarte.

Ese otro Onetti era un personaje con una memoria privilegiada; bebía, eso es leyenda, pero no se emborrachaba jamás, como recordaba anoche su amigo Félix Grande en la Biblioteca Nacional, en el epicentro del homenaje que se le está dedicando a Onetti estos días, ahí y en la Casa de América, dirigido por el profesor Eduardo Becerra.

Félix Grande, que le ayudó a subsistir en España cuando Onetti vino aquí después de que la dictadura uruguaya le encarcelara por amparar un cuento que los militares decidieron que debía ser tachado, habló de la aspereza y de la ternura de Onetti, y de ese periodo encamado que ha hecho subsistir la leyenda de que el autor de El astillero era un hombre fuera del mundo.

Quien lea hoy sus artículos (y sus novelas, y sus cuentos, pero todo sus artículos), que acaban de ser recopilados en el tercer tomo de las Obras Completas que ha preparado Hortensia Campanella para el Círculo de Lectores, podrán comprobar ahí la agudeza de sus juicios, y podrán apreciar hasta qué punto siempre estuvo alerta para tachar él mismo la solemnidad común pero sobre todo la solemnidad literaria.

Él creía que el éxito no era nada. Lo dijo cuando murió Faulkner, precisamente en julio, en 1962. "Sabía [Faulkner] que lo que llamamos éxito no pasa de una vanidad amañada: amigos, críticos, editores, modas". Faulkner, como Cèline, era su espejo. En esa necrológica de su maestro norteamericano, Onetti escribió esto que hoy podría decirse escribiendo de él, también: "Descendiendo del reciente difunto inmortal a este humilde necrólogo a pedido, reiteraremos que no fue hombre de academias, de discursos patrióticos, de asociaciones literarias. Y, si se le hubiera permitido escribir sobre su muerte, no habría aportado ni una gota a los chaparrones de cursilería que julio promete sobre el tema y cumplirá, sin duda alguna".

Le conocí en Tenerife en 1973, con mi compañero de clase Juan Manuel García-Ramos, que luego sería un profundo estudioso de su obra. Anoche, cenando con Dolly Onetti, su viuda, con Félix Grande y con otros que conocieron o aman la escritura de Onetti, alguien preguntó por qué le amamos tanto. Avancé una respuesta: porque era un tipo normal, un escritor que había arañado la vanidad hasta las profundidades de su esqueleto y la había enterrado detrás de unos libros impresionantes sobre los que jamás mostró ninguna vanagloria.

Celebrarlo es leerle. Hacían un documental sobre la vida de Onetti y me preguntaron anoche qué requisito habría que cumplir para pasar la aduana y entrar en Santa María, su territorio mitológico. Leerle, sin duda, empezando por sus artículos, donde resplandece el humor de Onetti. Ese sería el requisito. Y si hubiera que empezar por la ficción, por ese cuento imprescindible e impresionante, El infierno tan temido; pasarán otros cien años, como los que hoy tiene Onetti, y esa historia de odio y venganza seguirá siendo escalofriante. Un clásico.

jueves, 21 de mayo de 2009

POEMAS DESDE GUANTÁNAMO. LOS DETENIDOS HABLAN
Las autoridades estadounidenses llevan mucho tiempo tratando de acallar las voces de personas que detienen de forma ilegal. Durante el primer año de su detención, muchos de los detenidos de Guantánamo no tenían acceso a papel y bolígrafo, por lo que escribían estrofas en vasos de poliestireno, que pasaban de una celda a otra. A partir de 2002, se proporcionó material para escribir a algunos de ellos. Sin embargo, es posible que gran parte de su obra nunca salga a la luz, ya que el ejército estadounidense se niega a permitir su divulgación fuera del campo, alegando que esa poesía “supone un peligro especial” para la seguridad nacional debido a su “contenido y formato”. En esta reciente compilación de poesía se recogen los pensamientos y sentimientos de los detenidos de Guantánamo con sus propias palabras.


LA MUERTE



Tomad mi sangre.
Tomad mi mortaja y
los restos de mi cuerpo.
Fotografiad mi cadáver en la tumba, solo.

Y mandad las fotos al mundo,
a los jueces y a las personas
con la conciencia limpia.
Mandadlas a quienes tienen principios, a los justos.

Que ellos carguen con la culpa, ante el mundo,
por esta alma inocente.
Que ellos carguen con la culpa, ante sus hijos y ante la historia,
por esta alma malgastada y limpia,
por esta alma torturada a manos de los “protectores de la paz”.

Jumah al Dossari


© Poemas desde Guantánamo, Marc Falkoff, Grup Editorial 62, S.L.U.,
Ediciones Península, 2008


LA HUMILLACIÓN DE LOS GRILLETES



Al oír las palomas arrullando en los árboles,
unas lágrimas cálidas surcaron mi rostro.

Cuando cantó la alondra, mi mente compuso
un mensaje para mi querido hijo.

Mohammad, ¡qué afligido me siento!
En mi pesar sólo Alá puede darme consuelo.

Los opresores juegan conmigo,
mientras se mueven libres por el mundo.

Me piden que espíe a mis compatriotas,
y alegan que sería una buena obra.

Me ofrecen dinero y tierras,
y libertad para ir adonde quiera.

Sus tentaciones captan mi atención
como un relámpago en el cielo.

Mas su regalo es una pérfida serpiente
cuyo veneno es la hipocresía.

Levantan monumentos a la libertad
de obra y opinión, que es algo loable.

Pero les digo que arquitectura
no es sinónimo de justicia.

América, cabalgas a lomos de huérfanos,
y los atemorizas a diario.

Bush, ten cuidado.
El mundo sabe ver a un mentiroso arrogante.

A Alá dirijo mi súplica y mis lágrimas.
Anhelo mi hogar y estoy oprimido.

Mohammad, no me olvides nunca.
Defiende la causa de tu padre, un hombre temeroso de Dios.

He sentido la humillación de los grilletes.
¿Cómo puedo crear versos? ¿Cómo puedo escribir?

Después de los grilletes y las noches y el dolor y las lágrimas,
¿cómo puedo escribir poesía?

Mi corazón es como un mar bravo, agitado por la angustia,
frenético por la pasión.

Estoy cautivo, pero mis captores son los criminales.
Me sobrecoge la aprensión.

Señor, llévame con mi hijo Mohammad.
Señor, permite el triunfo de los justos.

Sami Al Haj


© Poemas desde Guantánamo, Marc Falkoff, Grup Editorial 62, S.L.U.,
Ediciones Península, 2008


¿ES CIERTO?



¿Es cierto que tras la lluvia crece la hierba?
¿Es cierto que las flores saldrán en primavera?
¿Es cierto que las aves migrarán a casa?
¿Es cierto que el salmón contracorriente nada?

Es cierto. Claro que es cierto. Todo son milagros.
Pero ¿es cierto que un día saldremos de Guantánamo?
¿Es cierto que un día volveremos a nuestro hogar?
Yo viajo en sueños, sueño con regresar.

Y estar con mis hijos, que son parte de mí;
y estar con mi esposa y con los que perdí;
y estar con mis padres, el corazón más tierno de la tierra.
Sueño con volver a casa, salir de esta oscura celda.

¿Me oye, juez? ¿Me oye acaso?
Somos inocentes, no hemos cometido pecado.
¡Libéreme, libérenos si aún queda
justicia y compasión en esta tierra!

Osama Abu Kabir