martes, 4 de agosto de 2009

CESC GAY V.O.S

En términos de reconocimiento crítico, a pocos directores jóvenes les cuadran tanto las cuentas como a Cesc Gay. Con tres películas en su filmografía, ya ha logrado cuatro candidaturas a los Goya, dos como director y dos como guionista, un premio en Cannes y galardones en los festivales de Chicago y Bogotá, entre otros.

Tras 'Ficción', de 2006, el cineasta catalán vuelve a las carteleras este viernes con 'V.O.S', una original cinta basada en una obra teatral de la dramaturga Carol López, 'Germanes', que supone un punto de inflexión en su carrera al adentrarse en el resbaladizo terreno de la comedia.

Planteada como un juego de espejos en el que los personajes viven dentro del propio rodaje, la película narra la historia de dos parejas de amigos salpicadas por infidelidades, maternidades imposibles y mentiras. Un ejercicio de estilo muy 'alleniano' en el que las mentiras y las verdades que hay en toda obra de ficción son las auténticas protagonistas.

P.- Confiesa que por mucho que se lo preguntan no sabe que le empujó a emprender esta adaptación, ¿ya ha encontrado la respuesta?

R.- Cada vez me invento una distinta porque me doy cuenta de que todas tienen algo de cierto. La verdad es que cuando estaba terminando 'Ficción' ya tenía ganas de ir hacia la comedia. 'En la ciudad' nació con una voluntad más cómica que la que finalmente tuvo y vi que me estaba asentando en un terreno muy denso e intenso. Cuando vi la obra me di cuenta de que era un material estupendo y creí que, como director, trabajar con textos que no siempre partan de uno era muy sano.

P.- Con 'Pagafantas' se ha hablado mucho de un humor vasco, ¿se puede decir que ésta es una comedia a la catalana?

R.- Un poquito sí. Está 'parido' desde allí pero no sé desde fuera cómo lo catalogarán... De todas formas, quiero dejar claro que no es una comedia de gag, también hay algo de drama. Está en ese tono que tienen algunas películas de Woody Allen, al que Carol siempre cita como uno de sus referentes. Tiene esa ironía crítica o dramática.

P.- De hecho, de su tramo final se pueden extraer lecturas amargas pese a su divertido remate...

R.- Sí, toda la película juega con la idea de manipulación. De ahí que haya recurrido a la idea del cine dentro del cine, que le daba a todo una lectura diferente. Lo importante aquí son las mentiras de la ficción más que las propias tramas de los actores, quería enfrentar al espectador con esa sensación de que todo es manipulable, según se cuente.

P.- Uno de los personajes llega a decir "La realidad está para ser traicionada"...

R.- Me parece que esa es la esencia del cine. Si no se traiciona la realidad, lo que estás haciendo es un reportaje y me parece fantástico, pero el cine es otra cosa. El cine tiene que volar. Nos contamos historias para ir más allá y me gusta que el cine parta de la realidad pero para llevarme a otro lugar.

P.- Por sus claves, es una película que se disfruta más siendo cinéfilo, ¿teme que sea incomprendida?

R.- Tiene unas lecturas que si no estás en el rollo te las pierdes, eso está claro. De todas formas, con cada trabajo tienes el temor de que no te guste. Forma parte del riesgo de esta profesión. Yo sé que V.O.S no es una película de masas, no tiene actores famosos ni lugares comunes para estrenarse en 200 salas. Es otra cosa. Desde esa libertad, ya tenemos nuestro espacio y ojalá venga mucha gente.

P.- En el filme retrata el rodaje de una forma bastante idílica, cuando lo habitual es que sean auténticos campos de batalla y malos rollos.

R.- Los míos es que son así. Siempre me rodeo de gente próxima y pocas veces he tenido momentos de tensión, la llevo muy mal. Y si, encima, quieres hacer una comedia ya ni te cuento. Dentro de la gran mentira que es la película, aparecen técnicos y actores que hacen de técnicos. En algún momento de confusión, hasta llegaron a intercambiarse los papeles.

P.- Desde el título, 'V.O.S', ya se hace referencia a la importancia del lenguaje. La película está protagonizada por dos vascos y dos catalanas que hablan indistintamente catalán, español y algo de euskera. ¿Cree que se puede sacar lecturas políticas de la cinta?

R.- Hemos tenido reuniones con la izquierda abertzale y con los nacionalistas catalanes que nos han subvencionado y... (risas) Realmente, es un reflejo puro y duro de la situación de Barcelona donde el bilingüismo, e incluso el trilingüismo, es normal. Sin más.

P.- ¿Qué opina de que haya una versión doblada?

R.- Bueno, la hemos hecho nosotros y nos lo hemos currado muchísimo para que mantenga un poco el bilingüismo entre catalán y español. Hemos intentado que quién la vea pueda tener el mismo 'feeling' que con la original y se perdiera lo mínimo.

P.- Barcelona acaba convirtiéndose en un personaje más de la película. Usted la retrata de una forma similar a lo que hacía Woody Allen con Manhattan.

R.- Espero que nos den una medalla al trabajo o un vale para el autobús por la promoción de la ciudad. A Woody Allen le dieron un millón de euros por 'Vicky Cristina Barcelona', a ver si cae la breva. Fuera de bromas, es mi ciudad y la supongo que la retrato como la percibo. Sin más.


sábado, 25 de julio de 2009

UN HOME GENIAL



Aci el tenim, presidint l'espai de sa casa que ja no gaudeix de la seua presència física, malgrat tot la seua mirada, la seua creativitat i inventiva omplin tots el racons del que serà el museu Joan Fuster.

viernes, 24 de julio de 2009

RECUERDOS


En esta fotografía de 1957, Mario aparece junto a su compañera. Se puede observar los estragos que el paso del tiempo produce en las personas, visible si se contrasta el Benedetti de esta imagen con la del otro post.

IMÁGENES

En esta ocasión ni un solo poema acompaña la imagen de este hombre, ya ausente, pero siempre se respirará toda la humanidad, capacidad de lucha que Mario supo transmitir en su poesía y en su novelística. No pudo superar la muerte de la mujer que le acompañó durante toda su vida.

miércoles, 22 de julio de 2009

pruebas

FACHADA DEL CASINO DE SUECA
Fue una jornada muy especial, más bien "particular". Primero el claustro con el reparto del botín,
después camino a Sueca, el sol y la compañía, agradable y divertida hicieron el trayecto muy ameno. La comida con el resto del grupo también resultó satisfactoria: los entrantes más que aceptables, y la paella y postres muy buenos. Por la tarde visita a la casa de Fuster, cierto desencanto: han borrado las huellas de la vida de una casa, con sus objetos, lugar de lectura y la están convirtiendo en una especie de MUSEO, interesante, pero frío, y Joan era irónico, cálido y perspicaz, no deberían haber borrado las huellas de su presencia, de su vida, sus objetos... a pesar de todo se animó la visita a la casa con la aparición inesperada de una persona próxima y lejana a la vez. Después la horchata y el chocolate, las miradas furtivas, el aparente distanciamiento que revelaba una proximidad que no deseaba ser exhibida. Despedida y la percepción esperanzadora de un posible descanso. Al menos tendremos el mar y el sol, las noches cálidas , y de vez en cuando, algo de aire fresco.

miércoles, 1 de julio de 2009

La declaración Balfour
Antes de 1880, la población judía de Palestina no superaba las 25.000 personas. Después de 1881, nuevos grupos fueron llegando empujados por una ola de antisemitismo en la Rusia zarista. Este impulso cobró nuevos bríos con el ideal sionista (reunir a los judíos en lo que consideran su tierra, el monte Sión), formulado en el primer congreso sionista, celebrado en Basilea (Suiza) en 1897. La afluencia de judíos fue incentivada cuando, en 1917, el entonces ministro de Asuntos Exteriores británico, Arthur Balfour, emitió la siguiente declaración, dirigida a lord Rothschild, presidente de la Federación Sionista de Gran Bretaña: "El Gobierno de Su Majestad ve con agrado el establecimiento en Palestina del Hogar Nacional Judío". Pero la declaración añadía: "Nada deberá hacerse en perjuicio de los derechos de las comunidades no judías existentes". Chaim Weizmann, químico que sería el primer presidente de Israel (1948-52), habría tenido un papel decisivo en la historia de la declaración. Descubrió un método para manufacturar (trinitrotolueno (TNT) y pasó la información a los británicos. Otra versión afirma que Londres hizo la declaración a cambio del apoyo financiero judío durante la Primera Guerra Mundial. En 1939, Gran Bretaña renegó de la declaración Balfour.
Por qué queremos tanto a Onetti, el escritor que hoy cumple cien años? En primer lugar, porque era todo literatura. Esa era su pasión; es decir, era un lector, y después era un escritor. Por necesidad de las tripas, por la pasión de serlo. Su conversación no era literaria; era la de un tipo normal que vive para leer pero no vivía para contar ni sus lecturas ni sus obsesiones literarias. Leía, escribía, ahí estaba; él no tenía un cajón de inéditos que te leyera al atardecer. Era un escritor sobresaliente, pero ni se lo creía ni te lo decía.

Y un ser humano, tan solo. La voz habitual dice que Juan Carlos Onetti, uruguayo, y melancólico como los uruguayos, era un hombre triste. No lo era, no es cierto. Era un humorista, en el sentido en el que lo fue Buster Keaton, o en el sentido en que lo es Woody Allen. Decía con su cara estólida las cosas más divertidas. Y las escribía. No hacía otra cosa que reír, pero con esa cara que la vida le fue dando parecía que tan solo se reía por dentro. Su silencio también era, a veces, una carcajada. De lástima, o de burla, frente a las luminotecnias de la solemnidad.

Mario Vargas Llosa, que ha hecho un libro en el que reivindica a Onetti como el gran autor de ficción en español del siglo XX, distingue entre ambas facetas: el que escribe y el que habla. Cuando Onetti se quedaba solo con su escritura, y con sus personajes, se introducía en una zona de sombra en la que mandaba aquella melancolía honda que le emparentó desde muy temprano con los existencialistas.

Pero personalmente era otro, el que se reía, el que recordaba anécdotas que contaba con la minuciosidad de un padre que siempre tiene tiempo para contar cuentos a sus nietos. Te recibía, es cierto, echado en la cama, donde pasó una decena de años, los últimos de su vida, en Madrid. Pero ahí Onetti no exhibía la angustia dramática del acostado por hastío; una vez me dijo que no se levantaba de la cama tan solo porque le daba pavor que la Biche, su perra, le mordiera las canillas.

Desde la cama Onetti reflexionaba, se reía de su sombra y de las sombras de los otros. Se reía de la solemnidad de sus colegas; zahería, sobre todo, a Camilo José Cela, que en aquellos años (finales de los ochenta, principios de los noventa; Onetti murió en 1994) había decidido que todo el mundo debía ser objeto de sus chanzas, y la tomó sobre todo con Julio Llamazares y con Antonio Muñoz Molina. Onetti levantó su espada a favor de los dos jóvenes novelistas, y desafió Cela con su ironía aplastante. Cela era para él, entonces, la metáfora de lo que nunca hubiera querido ser, y ejerció en solitario (prácticamente) su tarea de desmontarle la peana al autor de La familia de Pascual Duarte.

Ese otro Onetti era un personaje con una memoria privilegiada; bebía, eso es leyenda, pero no se emborrachaba jamás, como recordaba anoche su amigo Félix Grande en la Biblioteca Nacional, en el epicentro del homenaje que se le está dedicando a Onetti estos días, ahí y en la Casa de América, dirigido por el profesor Eduardo Becerra.

Félix Grande, que le ayudó a subsistir en España cuando Onetti vino aquí después de que la dictadura uruguaya le encarcelara por amparar un cuento que los militares decidieron que debía ser tachado, habló de la aspereza y de la ternura de Onetti, y de ese periodo encamado que ha hecho subsistir la leyenda de que el autor de El astillero era un hombre fuera del mundo.

Quien lea hoy sus artículos (y sus novelas, y sus cuentos, pero todo sus artículos), que acaban de ser recopilados en el tercer tomo de las Obras Completas que ha preparado Hortensia Campanella para el Círculo de Lectores, podrán comprobar ahí la agudeza de sus juicios, y podrán apreciar hasta qué punto siempre estuvo alerta para tachar él mismo la solemnidad común pero sobre todo la solemnidad literaria.

Él creía que el éxito no era nada. Lo dijo cuando murió Faulkner, precisamente en julio, en 1962. "Sabía [Faulkner] que lo que llamamos éxito no pasa de una vanidad amañada: amigos, críticos, editores, modas". Faulkner, como Cèline, era su espejo. En esa necrológica de su maestro norteamericano, Onetti escribió esto que hoy podría decirse escribiendo de él, también: "Descendiendo del reciente difunto inmortal a este humilde necrólogo a pedido, reiteraremos que no fue hombre de academias, de discursos patrióticos, de asociaciones literarias. Y, si se le hubiera permitido escribir sobre su muerte, no habría aportado ni una gota a los chaparrones de cursilería que julio promete sobre el tema y cumplirá, sin duda alguna".

Le conocí en Tenerife en 1973, con mi compañero de clase Juan Manuel García-Ramos, que luego sería un profundo estudioso de su obra. Anoche, cenando con Dolly Onetti, su viuda, con Félix Grande y con otros que conocieron o aman la escritura de Onetti, alguien preguntó por qué le amamos tanto. Avancé una respuesta: porque era un tipo normal, un escritor que había arañado la vanidad hasta las profundidades de su esqueleto y la había enterrado detrás de unos libros impresionantes sobre los que jamás mostró ninguna vanagloria.

Celebrarlo es leerle. Hacían un documental sobre la vida de Onetti y me preguntaron anoche qué requisito habría que cumplir para pasar la aduana y entrar en Santa María, su territorio mitológico. Leerle, sin duda, empezando por sus artículos, donde resplandece el humor de Onetti. Ese sería el requisito. Y si hubiera que empezar por la ficción, por ese cuento imprescindible e impresionante, El infierno tan temido; pasarán otros cien años, como los que hoy tiene Onetti, y esa historia de odio y venganza seguirá siendo escalofriante. Un clásico.